Exposición 125 aniversario | Puerto de Alicante

El puerto de la Corte

El puerto y su transformación en el siglo XVIII y XIX

Junto con el Castillo de Santa Bárbara, el puerto de Alicante constituye el gran emblema de la ciudad. Su privilegiada ubicación geográfica en la costa levantina lo convirtió en el puente natural entre el Mediterráneo, la Submeseta Sur y el interior peninsular, ofreciendo excelentes condiciones de abrigo natural, defensa histórica y un nodo comercial de primer orden.

El arranque del Setecientos estuvo marcado por el dramático Sitio de Alicante (1708-1709), el último bastión de resistencia austracista frente al avance borbónico. Sobre los escombros de aquel conflicto, el tejido económico se transformó profundamente gracias a una activa burguesía mercantil y a una influyente colonia de mercaderes extranjeros, entre los que destacaron franceses, genoveses, irlandeses y malteses.

El gran despegue comercial llegó en 1778 con la apertura al comercio directo con América. Los muelles se abrieron a la importación masiva de productos esenciales —como maderas del EEUU y géneros coloniales como azúcar, café y cacao— y canalizaron una nutrida exportación de barrilla, esparto, sal, frutos de la tierra y caldos tan emblemáticos como el fondillón.

Todo este pujante marco mercantil requirió un respaldo institucional de altura que culminó en 1785 con la creación del Real Consulado Marítimo y Terrestre, situando a Alicante como el tercer puerto mercantil del país.

Ante el precario estado de las instalaciones del Puerto de Alicante, y tras los diversos proyectos de Manuel Mirallas, el proceso culminó el 28 de enero de 1803 con la constitución oficial de la primitiva Junta de Obras del Puerto. El ambicioso proyecto de ampliación se enfrentó a un medio marino complejo mediante sólidas escolleras y sillares escalonados. Detrás de este gran esfuerzo monumental se encontraba una realidad humana muy particular: la mano de obra forzosa de unos ciento cincuenta presidiarios, cuya estricta disciplina, manutención basada en dos comidas diarias y formación técnica en oficios de cantería y carpintería eran reguladas minuciosamente.

Sostenido por los aranceles y los arbitrios aduaneros sobre el tráfico de mercancías, este engranaje económico y humano permitió mantener un ritmo de trabajo constante, proyectando un horizonte de progreso sostenido para la infraestructura portuaria.

El hito definitivo de la modernización llegó en mayo de 1858 con la inauguración de la línea ferroviaria de MZA y la histórica visita de la reina Isabel II, un acontecimiento que multiplicó de forma exponencial la actividad portuaria y propició la apertura de una sucursal del Banco de España. Poco después, en 1860, se inició el esperado derribo de las murallas defensivas, abriendo físicamente el puerto a la ciudad contemporánea y coincidiendo con una segunda visita real y la habilitación de un muelle ex profeso y la celebración de la Exposición Provincial, antes de la definitiva consolidación de la dársena a finales de siglo con el dique de Levante y la creación, en 1887, de la Cámara de Comercio.

Fue noticia

4 DE AGOSTO DE 1860 — Triunfo y abandono del Garcibuzo en la dársena alicantina

Las aguas del puerto de Alicante han sido hoy testigos de una gesta tecnológica sin precedentes. El inventor riojano Cosme García ha sometido a su sumergible metálico de hierro —popularmente conocido como el barco pez— a las pruebas oficiales ante la atenta mirada de las autoridades y curiosos locales, logrando un éxito rotundo el día 4 de agosto avalado por las instituciones. Sin embargo, aquel triunfo técnico chocó contra la incomprensión y la falta absoluta de apoyo financiero del gobierno español, un abandono institucional que dejó la embarcación anclada hasta que, arruinado, el propio inventor ordenó hundirla en las profundidades de la bahía.

7 DE MARZO DE 1861 — El Ictíneo de Narciso Monturiol deslumbra en las aguas alicantinas

Continuando con la estela de la vanguardia naval, la bahía de Alicante ha vuelto a sumergirse en el futuro. El renombrado inventor catalán Narciso Monturiol ha presentado con gran éxito su buque submarino de doble casco de madera, el Ictíneo. Ante la presencia de los ministros de Marina y Fomento, el singular sumergible ha zarpado desde los muelles locales, recorriendo a la perfección una distancia fijada de tres millas y media bajo la superficie. Mientras la burguesía y la ciudadanía alicantina respaldan con entusiasmo estos hitos de la ciencia empírica, estas singulares pruebas reafirman el carácter pionero y cosmopolita de nuestro puerto en la carrera global de la navegación subacuática.

«[…] El puerto de Alicante ofrece hoy muchos atractivos. El castillo y las murallas son imponentes, la escuadra es respetable, la bahía es espaciosísima, y el todo es español; todo nos pertenece y todo nos recuerda nuestra pasada gloria… Al subir al castillo, hubieran visto desde su más elevado muro la graciosa disposición del puerto, dentro del cual es el mar un lago azul y tranquilo, una turquesa en engaste de oro, porque amorosa la playa, para estrecharlo contra su seno, ha extendido sus brazos hasta Huertas y Santa Pola. Hubieran visto ese majestuoso anfiteatro de pálidas colinas, purpúreas cordilleras, y montes de zafir, que surgen nuestros campos de Oeste al Este, y aquella alfombra de brillante verdura…».

Juan Vila y Blanco, 1858.Isabel II en Alicante.

Reseña histórica de esta ciudad, desde su origen, y del viaje que á ella se dignaron hacer SS. MM. con la Real Familia en Mayo de 1858