Dependiente de Puertos del Estado, es el organismo público, encargado de gestionar uno de los 46 puertos de interés general españoles: el puerto de Alicante.
Una visión integral es indispensable para mejorar la productividad y la conectividad, el puerto integra, en su Comunidad Portuaria, a todos los participantes de las operaciones logísticas y de negocio
Una de las prioridades estratégicas de la Autoridad Portuaria es el cuidado del medioambiente y la optimización de las actividades portuarias enfocadas a la sostenibilidad
Celebramos 125 Aniversario de la Constitución de la Junta de Obras y Servicios del Puerto, verdadero precedente de la actual Autoridad Portuaria de Alicante en el marco del vigente sistema portuario español de puertos de interés general.
Del nacimiento de la corporación a la Autoridad Portuaria
En la primera Memoria sobre el Estado y Progreso de las Obras (1901-1904) se vislumbran los motivos fundacionales de la Junta de Obras del Puerto de Alicante: la insuficiencia de calados, la escasez de muelles y la insalubridad provocada por el alcantarillado. Ante esta situación, un grupo de alicantinos vinculados al Ayuntamiento, la Diputación y la Cámara de Comercio se organizó para constituir la corporación, firmándose el acta de entrega del puerto del Estado a la recién constituida Junta de Obras del Puerto, el 5 de enero de 1901.
La intervención del ministro Rafael Gasset y Chinchilla fue clave. La primera junta estuvo presidida por Federico Chápuli y, desde el 21 de enero de 1901, por Guillermo Campos Carreras. Junto a ellos se encontraban personalidades destacadas como Ricardo Sánchez Palacios, Francisco de Paula Soto, Alejandro Vila, el ingeniero director José Nicolau y el comandante de Marina Julio de Meras, acompañados por representantes municipales, provinciales, de la Cámara y el secretario Francisco Figueras y Bushell. Los primeros salarios anuales se fijaron en 10.000 pesetas para el ingeniero director, 4.000 para su ayudante y 2.000 para el secretario-contador.
La financiación combinaba fondos del Tesoro Público con recursos propios. Ante la escasez de las subvenciones estatales, una comisión liderada en 1902 por el presidente Campos visitó en Madrid a José Canalejas, ministro de Agricultura, Industria, Comercio y Obras Públicas, quien manifestó un profundo cariño por Alicante y prometió que su testamento político sería la subvención del puerto. Tras su asesinato en noviembre de 1912, Alicante le rindió tributo bautizando un muelle y un remolcador con su nombre.
La financiación combinaba fondos del Tesoro Público con recursos propios. Ante la escasez de las subvenciones estatales, una comisión liderada en 1902 por el presidente Campos visitó en Madrid a José Canalejas, ministro de Agricultura, Industria, Comercio y Obras Públicas, quien manifestó un profundo cariño por Alicante y prometió que su testamento político sería la subvención del puerto. Tras su asesinato en noviembre de 1912, Alicante le rindió tributo bautizando un muelle y un remolcador con su nombre.
Para afrontar las obras, la Junta emitió diversos empréstitos autorizados por real orden, destacando el de un millón de pesetas de 1907 (con un interés del 5% a treinta años) y los posteriores de 1909 y 1911 (de uno y cinco millones de pesetas). Estas emisiones permitieron desarrollar un ambicioso plan de infraestructuras dirigido por ingenieros como Próspero Lafarga y Ramón Montagut —autor este último del Proyecto de Saneamiento de 1906—.
Entre las actuaciones ejecutadas figuraban la prolongación de diques utilizando rocas de La Cantera propiedad de la Junta de obras del Puerto y continuos dragados, la Estación Marítima del Postiguet, el faro del dique de abrigo, tinglados, aduanas, la grúa flotante y las primeras instalaciones de lonjas de pescado defendidas por Lafarga en 1918.
El intenso tráfico marítimo generado durante la Gran Guerra (1914-1918) impulsó el recrecimiento de los muelles, así como la modernización de las instalaciones y de la maquinaria portuaria.
Sin embargo, el estallido de la Guerra Civil (1936-1939) supuso una interrupción drástica que exigió un esfuerzo extraordinario para reconstruir las infraestructuras dañadas.
Como consecuencia de estos acontecimientos y de la pérdida de documentación provocada por el incendio de las oficinas a finales de marzo de 1939 —en vísperas de la entrada de las tropas franquistas en la ciudad—, la publicación de las memorias oficiales se demoró de forma excepcional para el periodo comprendido entre 1917 y 1946, rompiendo la regularidad de los informes quinquenales habituales.
Este documento histórico detalla tanto la reparación de los estragos causados por los bombardeos fascistas como las nuevas construcciones de la época, entre las que destacan el edificio de la Comandancia de Marina, el Muelle 14, el pabellón social «Madre e Hijo» —decorado con mosaicos de Gastón Castelló— y el grupo de viviendas obreras Heliodoro Madrona.
Las memorias de los periodos 1947-1951 y 1952-1956, firmadas por el ingeniero director Pablo Suárez, precedieron a la emisión de un nuevo empréstito de hasta 80 millones de pesetas autorizado en 1955. Todas las obligaciones emitidas a lo largo del siglo XX fueron atendidas rigurosamente a pesar de los cambios de régimen, la Guerra Civil e incluso la desaparición de la peseta.
En el plano institucional, la Junta se amparó en una primera etapa en la Ley de Puertos de 1880. No obstante, con la posterior promulgación de la Ley 27/1992 de Puertos del Estado y de la Marina Mercante, la gestión directa del recinto pasó a manos de la actual Autoridad Portuaria de Alicante. A lo largo de su historia, esta evolución ha estado guiada por destacados representantes de la sociedad civil alicantina y por una extensa y nutrida lista de presidentes que, con su esfuerzo y dedicación, contribuyeron de manera decisiva al engrandecimiento de la ciudad y de su puerto.
Fue noticia
Congreso Nacional de Pesca Marítima, 1918
Próspero Lafarga
Revista Ibérica, el progreso de las ciencias y sus aplicaciones
El ingeniero Próspero Lafarga participó en el Primer Congreso Nacional de Pesca Marítima, celebrado en Madrid del 18 al 23 de noviembre de 1918, abogando por la construcción de lonjas de pescado. Su propuesta buscaba dotar a los pescadores de espacios adecuados a pie de puerto para la manipulación y venta, rompiendo los lazos de precariedad que limitaban sus ingresos a una franja mínima del valor real generado. De los 400 millones de pesetas que representaba anualmente el valor del pescado, solo una ínfima parte, que no llegaba al 20 %, correspondía al obrero del mar.
Lafarga pudo constatar con orgullo que Alicante ya estaba levantando una instalación pionera de estas características, lo que despertó un gran entusiasmo en los sectores pesquero e industrial. Al facilitar que los pescadores dispusieran de los medios necesarios para autogestionar su producto al llegar a puerto, se dio un paso decisivo hacia su emancipación económica. Ciertamente, la creación de las lonjas de pescado —dotadas de infraestructuras idóneas para su venta— se convirtió en el factor fundamental para mejorar las duras condiciones de vida de la sacrificada clase marinera.